Una vez escuché que uno de los momentos “más traumáticos” para el cerebro es cuando aprendemos a leer, porque la lectura es un constructo abstracto y arbitrario, producto de la cultura y que el cerebro no está diseñado para ello, sino que tiene que ajustar ciertas estructuras que tiene para poder afrontar esa nueva habilidad.

Ese hecho es el principal que sucede en ese momento que nos atañe, el paso de la etapa escolar Infantil a Primaria. Pero son muchos los cambios madurativos y evolutivos que en esta etapa aparecen: el juego simbólico va pasando a ser reglado, el pensamiento mágico comienza a desaparecer y se va haciendo poco a poco cada vez más real, para en algún momento llegar a ser abstracto, va desarrollándose la autonomía personal y social.

 Es una gran ocasión para potenciar los encargos y responsabilidades y ver esta etapa como otra nueva oportunidad y continuación de la anterior.

Mucha veces pueden aparecer miedos o agobios sobre aspectos concretos del desarrollo del niño, hitos que no se alcanzan o rasgos que se observan como posibles alertas. En la mayoría de los casos la evolución suele ser positiva, por eso son muy importantes las revisiones periódicas tanto con el servicio de pediatría como en las tutorías en el centro escolar, para contrastar la información, lo que se observa en casa y lo que se ve en el colegio y de esta manera poder coordinar de la manera más eficaz los esfuerzos de ambas partes.

Para alegría de los padres, los profesores de la nueva etapa, los encargados del ciclo inferior suelen tener un “toque especial”. Son los maestros que más veces van a ser confundidos con papá o mamá cuando los alumnos les quieren llamar profe, y esto ocurre por el cariño que se profesa. Los primeros cursos en este sentido son más duros en cuanto a trabajar su capacidad de autonomía en el aula, tanto en la organización de los materiales físicos, mochila, libros, su mesa… que en infantil eran más limitados, como a nivel de trabajo individual. Se les irá exigiendo cada vez una mayor capacidad en la gestión de su labor.

Por todo ello, entendemos las dudas que pueden surgir en ese tránsito, pero somos conscientes de las mismas y confiamos y creemos en el trabajo, la comunicación y la coordinación entre la familia y el colegio para conseguir que cada profesor pueda llegar de la mejor manera a cada alumno, que cada estudiante pueda continuar avanzando según su situación de desarrollo personal y que cada familia pueda sentirse partícipe del proceso.

Juan Antonio Sánchez

Orientador

Colegio Alborada

 

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Artículo original publicado aquí

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