Dejarse olvidado el estuche en casa – que para el punto de vista de las más pequeñas puede convertirse en una de sus mayores preocupaciones-  o las ‘pequeñas tormentas’ que llegan en los momentos más delicados de la adolescencia, son dos simples ejemplos de asuntos que llegan de forma habitual hasta una preceptora.

Cada semana son cientos y cientos de momentos y circunstancias – algunas anecdóticas como la comentada al inicio, y otras de más calado- en las que la figura de la preceptora se convierte en la primera referencia para las alumnas, la persona más próxima que tienen en el Colegio. En definitiva,  su ángel de la guarda más terrenal.

La preceptuación, uno de los pilares de Orvalle

Pero una preceptora es mucho más. En Orvalle, la preceptuación es uno de los pilares de la formación integral y personalizada que ofrecemos como colegio. Los padres que acudimos a Orvalle lo hacemos pensando no solo en un nivel académico que busca la excelencia, sino en una formación humana y espiritual también a la misma altura. Tres patas sobre las que el taburete al que se podría comparar la educación, se encuentra firme y equilibrado. Y, al igual que en las familias cada hijo es único y diferente a los otros, en el Colegio cada alumno o alumna también lo es. No hay dos iguales, ni recetas válidas para todos.

Con esta filosofía e ideario, la figura de la preceptora se convierte en brújula y clave para enfilar la misión educativa de los padres y la del Colegio, para remar todos en la misma dirección y con un ritmo acompasado. 

Familia y Colegio

La preceptora, cauce de comunicación entre familia y Colegio, es una figura vital para que esos objetivos florezcan en cada alumna, en forma de formación humana e intelectual, educación del carácter, desarrollo de la persona, formación para la libertad… En definitiva, conseguir su mejor versión y también enseñar a poner sus talentos al servicio de los demás. A través de las reuniones periódicas – con mayor o menor frecuencia, según las necesidades particulares de cada caso – se fomenta un mayor conocimiento y se desarrolla una acción coordinada entre Colegio y familia.

Un valor diferencial

Orvalle es un colegio en el que uno de sus valores diferenciales es la educación personalizada, con una figura como la preceptora que se encarga de orientar y acompañar a cada alumna y a su familia durante el periodo escolar, aunque en muchas ocasiones la relación se prolonga mucho más allá. Y aunque sea un valor difícil de medir cuantitativamente, sí estamos convencidos de su efecto positivo a lo largo del recorrido académico y en la vida posterior que se abre al finalizar los estudios. Antiguas alumnas de Orvalle refuerzan esta idea con su testimonio, y muchas de ellas lo ponen de manifiesto trayendo a sus hijas a Orvalle buscando lo mismo que ellas encontraron: consejo, estímulo, orientación, comprensión, cariño, empatía…

Para los padres, la reunión de preceptuación también se convierte en un buen momento para intercambio de opiniones, basadas todas ellas en el conocimiento que cada parte tiene de los diferentes ámbitos, y sobre todo para coordinar medidas de apoyo y refuerzo de la formación integral. 

Cuándo y cómo preceptuar

Como se exponía anteriormente, no hay una norma única. Cada persona es diferente. ¿La solución a la pregunta sobre cuándo preceptuar? Pues cuando sea necesario. Inicialmente, y por establecer una periodicidad mínima, se contempla una reunión al trimestre entre familia y preceptora. Para las alumnas, la preceptora es una persona que está a su disposición en el Colegio en el momento en que lo necesite, y que hace un seguimiento de su formación.

La ajetreada vida de los padres a veces complica estas reuniones, pero si aceptamos y tenemos claro su valor y utilidad, no podemos dejar que se convierta en una rutina. Es un momento para poner en común ideas y cohesionar aún más el proyecto en el que nos implicamos el colegio -con todas sus profesoras y capellanía- y las familias.

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Qué temas abordar

La temática está abierta a cualquier realidad que afecte a la alumna o su familia. Se puede tratar con total libertad, confianza y lealtad mutua, desde el aspecto académico como las relaciones con las compañeras del Colegio u otros miembros de la familia, aspectos personales, objetivos, puntos a reforzar, o todo lo que haga crecer en el objetivo común de la formación académica, humana y espiritual.

Marga Pavía, profesora encargada de Primaria I

Artículo original publicado aquí

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