Ha nacido mi [email protected] y ¡¡grrr!!

Algunos consejos cuando asoman los celos

¡Ay, los celos! La llegada de un hermano (da igual si pasas de uno a dos, de dos a tres…) es un cambio bestial en la dinámica de una familia. E inmersos en los primeros meses del postparto- dormir poco, montaña rusa emocional…- podemos verlo todo muy negro e incluso llegaros a preguntar: ¿habremos corrido mucho teniendo otro hijo?

Quizás me decís que en vuestro caso la llegada de un nuevo hijo no ha trastocado en nada al resto… ¿Seguro? ¿tu hijo o hijos mayores no han hecho ninguna regresión, no están más irascibles o incluso no han verbalizado su malestar de algún modo?

Poneos en su piel…todas entendemos la dificultad que representa compartir el amor de los padres. La mera existencia de otros hijos puede significar MENOS: pérdidas de atención y tiempo de papá y mamá, de inmediatez en la satisfacción de sus necesidades. Y sobre todo cuando son pequeños, el amor que está en juego es el amor necesario para la supervivencia. Han de aprender a compartir los padres, los espacios, los juguetes. Han de aprender a esperar. 

Ante este panorama tan poco atractivo que os planteo, ¡SOS! ¿qué podemos hacer? Aquí os dejo algunos consejos: 

  1. NORMALIZAR:

Cuando nace un hermano es normal que emerjan sentimientos ambivalentes: alegría/tristeza, amor/odio… e inseguridad debido al cambio de las relaciones, nuevos roles y organización dentro del núcleo familiar. Esa inseguridad es un malestar lícito cuando creemos que ya no nos querrán como antes por culpa del último fichaje.

Y sí, vuestro hijo o hijos lo están pasando regulín. Pero si vosotros os ponéis en modo «la gran tragedia» no vais a ayudar mucho a aprovechar esta situación como una OPORTUNIDAD. 

Tener hermanos es natural y beneficioso para todos. ES UN REGALO. Aunque al principio no se vea. La relación entre hermanos es una relación única, irrepetible y muy especial. Inician la socialización con sus iguales, aprenden a compartir (educarles en la generosidad: se es más feliz compartiendo), a respetar, a convivir. Prestan ayuda y compañía, son compañeros de juegos y batallas, confidentes, cómplices.  Aparecen nuevos sentimientos como la admiración o la protección. Es una oportunidad de salir de uno mismo, mediante la empatía…compartiendo tristezas y alegrías. Cuando consiguen gozar de la alegría del otro (hoy es el cumple de tu hermana), ¡se puede ser doblemente feliz!

En definitiva, la relación entre hermanos es un ensayo, una escuela valiosísima que los prepara para las relaciones fuera de casa a lo largo de sus vidas. 

  1. ACOGER SUS DEMANDAS DE ATENCIÓN 

No ceder a demandas regresivas. Por el contrario, acoger sus demandas de atención sin tratarlos inadecuadamente a su edad y a sus capacidades. Ej.: Frente un hijo que quiere que le des la comida como cuando era pequeño le puedes decir “no te daré la comida, pero te explicaré un cuento”. Que vean con nuestros hechos, más que con palabras, que los queremos, que no es necesario que cambien o se vuelvan bebés.

¡Ojo! En el juego simbólico, las demandas regresivas están permitidas😉.

  1. RECONOCIMIENTO DE LOS SENTIMIENTOS NEGATIVOS: 

No conviene responder con una respuesta agresiva adulta a la conducta agresiva del niño. El hijo tan lleno de rabia necesita, tanto o más que los otros, el soporte (contención, reconocimiento…) de los padres. “Qué mal te tienes que sentir si te has de descargar haciendo daño!”. Y si el mensaje va acompañado de un buen abrazo, es muy probable que la coraza se ablande y se pueda ver la criatura desesperada que se esconde. La tristeza aproxima, la rabia separa. Permitir expresar con palabras los sentimientos negativos. Aunque sean muy desagradables de oír, reconocer que han pasado a un estadio más civilizado: el de la palabra. Eso no quita que se ha de exigir respetarse y tratarse bien.

  1. ACOMPAÑAR -COMPLICIDAD Y ESCUCHA-: 

Previo al nacimiento, no crear expectativas falsas: ni podrá jugar con él hasta pasado un tiempo, ni será su juguete. Explicar cosas reales de un recién nacido: no saben hablar, se ha de adivinar qué les pasa cuando lloran, no caminan, a veces les cuesta conciliar el sueño…

También, podemos hacerles partícipes de la espera: hacerse preguntas de cómo será, qué le gustará, qué canciones le cantará para ayudarle a dormir…Incentivando así el interés y la curiosidad y prepara positivamente para su llegada. Así como, revivir su/s propio/s nacimiento/s y participar en los preparativos para implicarle/s en la nueva experiencia que ha de vivir toda la familia. Pero sin exageraciones ni sin ser mono tema.

Dentro de este consejo quiero resaltar lo que creo es la regla de oro para armar a un hijo bien en la batalla de los celos. Regla de oro: Un hijo/a que tiene espacios de intimidad con su padre y con su madre, por separado, se siente querido/a y especial, con lo cual está muy bien armado/a para batallar contra los celos. Es gracias al amor y a los ánimos que infunden los padres que un niño puede desarrollar sus competencias y lentamente conquistar el dominio de su propio entorno. Y me diréis, “¡buff! Difícil encontrar unos minutillos al día de exclusividad con cada uno”. El desafío es grande. Pero sólo es difícil. No imposible. Tengo cinco hijos y un trabajo apasionante e intenso. Os entiendo perfectamente. A veces, bastará con unas cosquillas antes de acostar, llevarte al mayor contigo a tirar la basura, leer juntos un cuento, una frase y una mirada alentadora al dejarlo en el cole… Será un buen momento para que os explique la pelea que ha tenido con su hermano, o que le pongáis vosotros palabras si aun no domina el habla. Escucharlos, comprenderles, poniendo énfasis en los hechos, no etiquetando quién ha sido la víctima o el agresor y pensando ¿cómo puedo responder en otra ocasión de modo más asertivo? 

Las emociones que van aflorando podemos aprovecharlas para convertirlos en seres humanos más sensibles, conscientes y atentos. Y también para aprender a convivir a pesar de las grandes diferencias. El modo como nos relacionamos con nuestros hijos y les enseñamos a relacionarse entre sí, incluso en el culmen de la batalla, puede ser un regalo para siempre para ellos.

Merce Cavero

Coordinadora Pedagógica