Cómo desconectar de pantallas

Sin lugar a dudas la tecnología se ha convertido en una gran aliada en estas semanas de confinamiento. Ordenadores, tablets, apps,.. y todo tipo de herramientas digitales permiten que el teletrabajo, colegio online y ocio virtual sean una realidad. 

Humanización de la tecnología

En los momentos más duros de la pandemia, miles de enfermos han paliado su soledad con dispositivos tecnológicos como único canal de comunicación con sus familias. Las videollamadas a los abuelos, familiares y amigos nos hacen sentirnos cerca a pesar de la distancia. 

Pero esta inmersión digital conlleva un cierto peligro si no se establece una relación sana con ella. Estrés, sobreestimulación, dificultad para conciliar el sueño, incapacidad para desconectar del trabajo … y quizás lo más importante: descuido de nuestras relaciones familiares 1.0

Desconectar para conectar

Ha llegado el momento de plantearse levantar la cabeza de la pantallas para mirar a los ojos a nuestra familia. Parar mirar hacia dentro y encontrarnos con nosotros mismos. Y quizás, con el replanteamiento de nuestra existencia ante la incertidumbre y sensación de vulnerabilidad, elevar la mirada hacia Dios.

Deconectar de las pantallas

Tiempo sin pantallas en la rutina diaria

Como todo reto el primer paso es “querer hacer”, seguido de fijar un tiempo para llevarlo a cabo. Hay que integrar la desconexión tecnológica en nuestro horario. Adaptado a las circunstancias familiares, pueden acordarse franjas de tiempo fijas o bien establecer “momentos sin pantallas” como pueden ser el almuerzo y la cena. 

Tips para el “detox pantallas”

– Modelos: Tener presente que los padres somos los principales educadores de nuestros hijos y su mejor modelo a imitar. ¿Qué imagen estamos proyectando ahora que convivimos 24 horas al día? ¿Nos recordarán nuestros hijos con un smartphone siempre en la mano?

– Parking para móviles: Elaborar en familia un espacio donde aparcar literalmente el teléfono. Una caja decorada, un “aparcamiento en batería” con cartulinas y rotuladores o bien un hueco en alguna estantería de nuestro hogar.

Silencio: Disfrutar y enseñar a disfrutar a los hijos del silencio. Deshacernos de las fuentes de ruido (también el visual) y la sobrecarga de estímulos e información. Silencio que favorece la calma y los momentos de reflexión y creatividad.

– Dueños de nuestra vida digital: Desactivar notificaciones de Whatsapp, redes sociales e incluso correos electrónicos. Ser libres para decidir cuándo hacer uso de estas aplicaciones sin la esclavitud de la inmediatez.

– Medios de comunicación: Cubrir la necesidad de estar informados, con los medios tradicionales como la radio o la prensa escrita.

Un niño con una tablet

El mejor juguete para un niño son sus padres

Ahora, en esos momentos de “turn off pantallas” podemos disfrutar de un verdadero tiempo en familia. Mirarnos a los ojos. Conversar con nuestro cónyuge e hijos. Observarlos. Leer, hacer manualidades, tareas domésticas, cocinar, recuperar los juegos de mesa, hacer deporte y pasear ¿Quiźas escribir un diario familiar?  Seguro que ideamos mil actividades, pero teniendo siempre presente que “El mejor juguete para un niño son sus padres”.

Por Carolina Campos, Responsable de Comunicación y Desarrollo del colegio Puertoblanco-Montecalpe.

Artículo original publicado aquí

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