Respeto: la máxima expresión del amor

Un día leí: “hay gran variedad de diferencias entre las personas, pero la única peligrosa es la de no tener corazón”. ¡Qué gran verdad!

No existen ni dos niños ni dos adultos iguales, pero todos somos especiales, únicos e irrepetibles y por ello merecen ser tratados con respeto. Todos tenemos nuestros puntos fuertes y nuestros puntos flacos. Y son precisamente nuestras diferencias las que nos permiten complementarnos y enriquecernos unos a otros.

respeto

Las personas somos seres sociales y desde que nacemos, nos manifestamos a través del lenguaje y de la acción. Nacemos en el seno de una familia y esta es la primera escuela para cualquier niño. La escuela donde aprende a amar, a respetar, a ser cortés, cariñoso, alegre, humilde, tolerante, generoso, paciente, perseverante… 

En Viaró Infantil intentamos apoyar y reforzar todo este aprendizaje familiar. Pensamos que el colegio es la segunda casa de cualquier niño e intentamos que siga creciendo en valores y virtudes. El título más importante que puede conseguir un niño y nosotros mismos es el de ser buenas personas y esta titulación no la concede ni el colegio ni la universidad, sólo la otorgan los valores.

Para que un niño aprenda y crezca feliz, padres y profesores debemos confiar en él y dar ejemplo. ¡Durante unos años somos sus influencers, aprovechémoslo! ¡Hagámoslo bien! ¡Los peques aprenden por imitación! Ninguno somos perfecto, pero cuánto educa nuestro espíritu de lucha por mejorar, nuestra humildad cuando nos equivocamos… 

Debemos aceptar a nuestros hijos tal y como son, sin compararlos ni etiquetarlos, así les transmitimos amor incondicional, respeto y seguridad. Y ellos a su vez también aprenden a aceptar y a tratar a sus hermanos, familiares, amigos, vecinos… con respeto. No existe un niño difícil, lo difícil es ser niño en un mundo de adultos ocupados, cansados y con prisa.

Lo más bonito e importante que podemos dedicar a nuestros hijos es nuestro tiempo.

Pasar tiempo con nuestros hijos nos permite observarles, conocerlos, compartir risas, conversaciones, juegos y aficiones. Entonces es cuando podemos descubrir sus habilidades y volverlas fortalezas. Cuando un niño quiere aprender y nos pregunta algo, expliquémoselo; no menospreciemos su curiosidad, no le hagamos sentir mal… dediquémosle atención… El tiempo que dediquemos a escuchar a nuestros hijos en edades tempranas marcará la confianza del mañana.

Es importante también cuidar la manera de decir las cosas pues cuando las decimos nos estamos definiendo a nosotros mismos e influyendo en el autoconcepto de aquel al que nos dirigimos. Lo que decimos y hacemos suma o resta en la autoestima de los demás y en su felicidad. 

respeto

Es vital enseñar a los niños a ser respetuosos, a decir las cosas desde el cariño y a emplear siempre las palabras mágicas: hola, adiós, por favor, gracias y perdón. ¡Cuidado! La falta de límites abre la puerta a la falta de respeto. Es importante que los niños entiendan que las bromas son bromas mientras todos nos reímos y que en el momento en el que ofenden a alguien dejan de serlo. En ese momento, por pequeños que sean deben hacer acopio de humildad: parar a tiempo y pedir perdón. Debemos enseñar a nuestros hijos que el dolor de los otros no es una broma. 

Todos somos diferentes, en clase, en casa, en la calle… pero esas diferencias nos enriquecen y el respeto nos une.

Sigamos el lema de tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen. Con los niños es fácil llevar a cabo esta reflexión y os asombraría cómo la entienden y reaccionan rápidamente. Cambiemos el orgullo por una disculpa, la rabia por una sonrisa, la crítica por un buen consejo, ayudemos a quien lo necesite sin esperar nada a cambio… Queramos a los demás. Enseñemos a nuestros hijos a querer, a darse, a descubrir la belleza que hay dentro de cada uno. 

Toda persona merece respeto sin tener en cuenta ni edad, ni raza, ni condición.

No pretendamos que los niños respeten sólo a los adultos, deben respetar a sus semejantes, a sus iguales. El respeto es necesario para convivir en harmonía en casa, en clase, en el parque, en el supermercado… Eduquemos el corazón de nuestros hijos, no sólo sus mentes.

Como seres sociales que somos, necesitamos del otro para realizarnos, sino es imposible. Por ello tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos a los demás. No siempre recibiremos lo que damos, pero siempre damos lo que somos y eso es nuestra esencia. Intentemos hacer de la educación en valores de nuestros hijos una prioridad para que den lo mejor que tengan y ello les defina: el amor.

Carmen Arnalot 

Tutora de P5