Crescendo ha vuelto a sorprender a los más de 150 asistentes de su tercera edición. Bajo el título “Música en un lienzo”, pequeños y mayores han podido disfrutar de un viaje a través de los clásicos y la pintura, sin salir del cole.

Es sábado y el sol luce tentador, después de una semana en la que ha sido imposible salir de casa sin paraguas. Desde primera hora, los pasillos de Orvalle rezuman nervios y alegría. Profesoras, músicos y una veintena de voluntarias de Primaria y Secundaria ultiman los detalles de Crescendo, el evento de música para familias de Infantil que va camino de convertirse en una tradición más del colegio.

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Este año, el concierto tiene un objetivo benéfico: recaudar fondos para el nuevo auditorio, que comenzará a construirse en junio de 2020, para fomentar la educación artística y la oratoria de los alumnos.

A las 12, el polideportivo ya está lleno de familias, del cole y amigas, expectantes ante la promesa de la Escuela de Música de Orvalle: ¿será verdad que es posible captar la atención de niños menores de seis años, durante una hora, sólo con música clásica?

Para conseguirlo, un grupo de músicos profesionales especializados en didáctica ha ido guiando a los pequeños a través de un viaje, basado en la melodía y en los colores. Así, la imaginación de los asistentes ha volado por el azul del Támesis, gracias a la música acuática de Haendel y ha reconocido el traqueteo de un tren atravesando los verdes campos de Chequia, con el Humoreske de Dvorák. Por poner solo dos ejemplos…

Y mientras un grupo de artistas de 30 centímetros de alto iba plasmando en un lienzo estas sugerencias desde el escenario, otros tantos tocaban todo tipo de instrumentos al ritmo que iba marcando la orquesta profesional.

Una vez acabado el concierto, la acción pasaba a los pasillos del cole, donde un Museo de Instrumentos “vivo” esperaba a los asistentes: Santiago tenía la misión de mostrar la historia y los elementos básicos de la guitarra y el ukelele, Lucía del violín, Diego de la flauta travesera… y así hasta catorce instrumentos, dispuestos a ser manipulados por los atrevidos asistentes.

Crescendo 2019

Los más osados, incluso, han pasado por el “Taller de instrumentos”, en el que, con materiales muy sencillos, podían construir los suyos personalizados.

Todo para que la música clásica no sea algo propio de “las vitrinas” sino que esté cerca, sea tangible, y para que pequeños y mayores aprendamos a disfrutar de ella. “Según Howard Gadner, todos las personas tenemos inteligencia musical, otra cosa es que vayamos a ser músicos profesionales o no. Con la música todas las otras inteligencias se ponen en marcha y se potencian: La capacidad matemática, la emocional o la lingüística, comienzan a funcionar gracias a la música, al ritmo… Por eso es importante que la iniciación musical comience cuanto antes y, en esa tarea, la familias/" 877 target="_self">familia tiene un papel fundamental”, concluía Cecilia Peláez, profesora de música de Orvalle.

Artículo original publicado aquí

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