El juego es una estructura básica para la transmisión del aprendizaje, debemos de tenerlo en cuenta para implementarlo en la vida. El esparcimiento no es cosa de niños, hay pasatiempos para cada edad, jugar nos permite experimentar y compartir, fallar y ganar, emocionarnos en un entorno seguro.

El juego es la manera más natural de aprender. Los cachorros juegan a cazar y aprenden las bases de la técnica. El entretenimiento es parte de la historia, el ajedrez tiene miles de años, otros tantos. La recreación de los niños en el patio a superhéroes, a princesas, al fútbol o en los columpios, con las cartas, los cromos o los muñecos, con tableros o vídeos. La actividad de jugar es parte de la vida, las empresas premian nuestra fidelidad mediante competiciones de puntos.

El juego es una realidad paralela que nos permite practicar sin miedo a equivocarnos. Es como un colchón que nos recoge si nos caemos. Lo que pasa en el juego queda en el juego. Es el entorno perfecto para que aprendamos, porque podemos experimentar y ensayar acciones. Cuando olvidamos el juego en nuestras vidas perdemos esa red de emergencia, aparece el miedo, la desesperación y el fracaso. Podemos enseñar con miedo, por ejemplo, cuando tienes que aprender por no suspender. Pero cuando no exista ese temor, cuando no tenga que enfrentarme a exámenes, no aprenderá. Si se consigue aprender porque gusta, porque parece divertido, finalmente se conseguirá la autonomía de aprendizaje. Este despierta las ganas de conocimiento.

Por eso tenemos que jugar, en las aulas, en casa, en la vida, creando el entorno que me lo permita.

Con el juego se desarrollan el ámbito emocional. Es un buen contexto para practicar la tolerancia a la frustración, ahora que se habla mucho de resiliencia, habrá veces en las que se pierda y tendrá que aprender estrategias para controlar ese sufrimiento que puede provocar la derrota, tendremos que practicar la derrota con dignidad. También tendremos otras ocasiones en las que nos podremos apiadar de otro jugador (si lo permiten las normas) o implicarnos a nivel social, tendremos que colaborar con otros jugadores para conseguir nuestro objetivo. Gracias a el tendremos que aprender a esperar un turno, a respetar unas normas y a explicarlas a otros jugadores, con el ejercicio que conlleva esto, tendremos que desarrollar una estrategia y por supuesto impulsar la imaginación en el contexto de una narrativa que nos lleve a ese lugar mágico en el que se realiza el juego. Y sin olvidar el aspecto cognitivo, de control espacio-temporal, cuando tengamos que distribuir piezas o secuenciar mentalmente los pasos que vamos a llevar a cabo para llegar a nuestro objetivo.
También hay que recordar que el juego implica libertad, el que hace trampas y el que juega obligado no están jugando.

En la mesa y en el juego se conoce al caballero, decía el refranero español y que gran verdad encierra. Pues todos estos aprendizajes que desempeñamos serán herramientas que podamos utilizar transversalmente en otros ámbitos.

Padres: los niños quieren jugar y quieren que sus padres jueguen con ellos. Porque son su referente, no dejemos de aprovechar esta oportunidad y disfrutemos este magnífico contexto que nos brinda el juego de pasar tiempo con ellos disfrutando y sin darnos cuenta estimulándoles para ser mejores personas.

Profesores: el juego es vital, conocer sus estructuras y ponerlas en funcionamiento son el engranaje mágico de una clase. Implementarlo en el aula mediante la gamificación.

Juan Antonio Sánchez
Orientador
Colegio Alborada

Artículo original publicado aquí

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