¿Por qué consideramos importante que los niños desarrollen la autonomía desde edades tempranas? La respuesta es sencilla. Nuestro objetivo es que nuestros alumnos no dependan en su totalidad de un adulto y sean capaces de realizar por sí mismos actividades no solo dentro del aula, sino también en su vida diaria fuera del mismo.

Dejar que sean ellos los protagonistas de su propio proceso de aprendizaje lleva implícito la aceptación del error, así como la capacidad para superarlo. Y es que lo importante no es lo que hemos tardado en llegar a la meta, sino que hemos llegado. Poco a poco iremos perfeccionando la técnica, al principio costará, pero veremos como un niño de tres años que en septiembre no era capaz de ponerse el babi, ha acabado poniéndoselo él solo y abrochándose correctamente los botones, que una niña de dos años es capaz de quitarse los zapatos y guardarlos en su caja al entrar en clase o de lavarse las manos ella solita y que nuestros pequeños de un año ya no comen en trona sino sentados en su mesa y son capaces de hacerlo ellos solos.

Esta autonomía que nuestros hijos van adquiriendo poco a poco, le aporta madurez a la hora de aprender a tomar decisiones por sí mismos. Decisiones que, siempre que estén en nuestra mano, procuraremos que sean adecuadas a su edad. De esta forma aprenden a valorar que tienen más de una opción a la hora de elegir, y que son libres para escoger una u otra. Esto no puede justificar en ningún momento que el niño haga lo que le venga en gana. La autonomía a la hora de tomar decisiones también tiene que ir educándose poco a poco.

Nuestro papel como adultos es guiarlos en este proceso y hacerles ver que no es que no queramos ayudarles, sino que les estamos demostrando que son capaces de hacerlo solos. Y es que, sin duda, uno de los desafíos más grandes que se nos presentan a la hora de trabajar la autonomía, es saber cuándo intervenir o cuándo dejarles vía libre. Para esto, dedicaremos tiempo a observar a nuestro hijo y adaptaremos los objetivos que queremos conseguir a su edad y capacidad, a la vez que iremos proporcionándoles comentarios acerca de su actuación y reforzando positivamente todos sus logros.

Si luchamos porque nuestros hijos sean autónomos, les estaremos ayudando también a que sean responsables. Responsables de sus actos y a la vez conscientes de que la decisión que han tomado siempre tendrá unas consecuencias que en ocasiones serán acertadas y otras serán erróneas.

Son varios los nuevos “modelos de paternidad” recogidos en un estudio realizado por la Universidad de Minnesota. El estudio los divide en padres helicóptero, padres apisonadora y padres guardaespaldas. No entraremos en detalle para definir cada modelo, pero si nos ponemos a pensar en los nombres que se les ha proporcionado, podemos caer en la cuenta que cualquiera de nosotros, yo la primera, en momentos concretos de nuestra paternidad hemos podido formar parte de algunos de estos modelos. Pero como hemos dicho con anterioridad, lo importante es encontrar el equilibrio. Da a nuestros hijos las herramientas necesarias para que poco a poco empiecen a volar por su cuenta y ser conscientes de los beneficios que les aportarán en su futuro.

Y es que, ya lo dijo María Montessori hace tiempo: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo del niño”

Marta Merino Gregorio
Profesora de Infantil
Colegio Alborada

Artículo original publicado aquí

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