¡A chupar rueda!

«¡Papá, cómprame un móvil, que todos los de mi clase lo tienen!». «Mamá, ¿puedo llegar a casa a las 12’00? ¡A todas mis amigas les dejan hasta esa hora!». Son peticiones que antes o después van a hacer los hijos. El hacer lo que todos hacen no es criterio suficiente para que algo esté bien. ¿Pero qué hacer cuando la presión es tan fuerte y nos amenaza el síndrome del «bicho raro»?

Sabemos que mejorar la sociedad empieza por la familia. Pero también, decía Chesterton, para mejorar la familia hay que revolucionar la sociedad. Estamos en el año de la familia convocado por el Papa Francisco, y él nos impulsa a que las familias sean agentes de cambio. No podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando a que mejore el ambiente externo o a que los políticos nos solucionen los problemas; decía una madre de familia de los políticos -aunque no se puede generalizar- que ellos miran sólo el corto plazo, y a muchos de ellos no les importa qué mundo dejarán a los hijos, sencillamente porque no los tienen.

¿Qué podemos hacer para iniciar en la sociedad esa revolución a favor de la familia?

La semana pasada pude asistir a la sesión introductoria de un curso de orientación familiar organizado Aula Familiar, y quiero destacar de allí dos ideas que dio el ponente: primero, que quien educa sobre todo es la familia, que el colegio es sólo una ayuda, y la segunda idea, que las familias deben apoyarse en otras familias, porque esa unión multiplica su fuerza y resistencia ante los ataques externos. En efecto, por seguir con el mismo ejemplo mencionado al principio, cuando los hijos de esos grupos de familias son amigos desde pequeños, éstas pueden tener unos criterios similares sobre a qué edad comprarle un móvil o llegar a casa por la noche.

El reto que tenemos es grande, nos jugamos demasiado como para intentar afrontarlo cada familia por libre.

Los cristianos sabemos que la vida cristiana se vive dentro de la comunidad de la Iglesia y no cada uno por su cuenta. De forma parecida, los que creemos en la familia necesitamos apoyarnos en otras familias, que las encontraremos entre las viejas amistades, en el entorno de una parroquia, de un club juvenil o del colegio, etc. El gran proyecto educativo que es Alborada nos brinda la posibilidad de educar a los hijos ya no sólo con la actividad docente del colegio sino también por medio del hecho de estar rodeados de otras familias con valores similares a los nuestros, con las que podemos hablar, intercambiar experiencias y sentirnos apoyados.

En ciclismo el término «chupar rueda» se aplica a pedalear pegado al que llevas de delante para que te quite la mayor parte de la resistencia del viento y así, con el relevo de los que están en primera posición, grandes pelotones pueden avanzar a gran velocidad y con notable ahorro de esfuerzo. Esto puede servir de imagen de las ventajas que proporciona la familia, ventajas que se multiplican cuando nos incorporamos, si se me permite la expresión, a una familia de familias como es Alborada. Así no hay resistencia, por dura que sea, que nos frene en la tarea de revolucionar la sociedad y proteger así nuestras familias.

Arturo Garralón
Capellanía de Alborada

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