Ocho consejos para afrontar el viernes negro con éxito

Cada mes de noviembre, con la llegada del turrón a los supermercados, llega también el esperado viernes negro. Una costumbre americana que hemos adoptado con muchas ganas, aunque para nosotros sea algo nuevo. Con el atractivo de de esas ofertas, nos lanzamos a comprar como locos, muchas veces sin necesitar en absoluto nada de lo que estamos comprando.

«No significa esto que no haya que regalar, sino que quizá esta costumbre tan navideña se ha convertido en lo más importante de la temporada», Carmen Taboada.

La costumbre del viernes negro

Cada cuarto jueves de noviembre, principalmente en Estados Unidos y Canadá, tiene lugar el día de Acción de Gracias. Y junto con esta arraigada costumbre, al día siguiente se celebra el viernes negro o Black friday.

Esta costumbre viene ocasionada por la preocupación de los comerciantes de 1939.

Desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, la costumbre de Acción de Gracias iniciada por el presidente Abraham Lincoln, se celebró en EE.UU. el último jueves de noviembre. Pero en 1939 ocurrió algo inusual: el último jueves coincidió con el 30 de noviembre.

Los comerciantes, preocupados por el corto período de compras que quedaba entre ese día, la Navidad y el fin de año, enviaron una solicitud a Franklin Roosevelt, que presidía entonces EEUU, para que declarara el inicio de las fiestas una semana antes. Recibieron su autorización, por lo que los siguientes tres años el día de Acción de Gracias, recibió el sobrenombre de «Franksgiving» (una mezcla del nombre del presidente con Thanksgiving, como se conoce este día festivo en inglés), se celebró en días distintos en diferentes partes del país.

Fue a finales de 1941 cuando una resolución conjunta del Congreso solucionó el problema. De ahí en adelante, el día de Acción de Gracias sería conmemorado el cuarto jueves de noviembre, garantizando así una semana adicional de compras hasta Navidad.

Ocho consejos para afrontar el viernes negro con éxito

Quizá sea bueno profundizar en este momento, pensar si estas compras, que son generalmente superficiales y de cosas que nos van a durar un suspiro, merecen la pena verdaderamente. Quizá sea el momento de pensar qué cosas son realmente importantes y qué cosas no lo son, plantearse qué cosas son imprescindibles en nuestra vida y cuáles son totalmente prescindibles. ¿Podrías vivir con las cosas que caben en una maleta? Plantéate qué meterías.

1) ¡Ojo con las notificaciones!

Al móvil te llegarán muchos anuncios de productos que creerás que vas a necesitar. Puede que en alguna ocasión sea así, pero ¿Por qué no has caído en la cuenta hasta la llegada de ese mensaje? Lo cierto es que seguramente tengas las necesidades materiales cubiertas. Ya que estos productos no están pensados para hacerte feliz, sino para que gastes. Y gastar no significa ser más feliz, sino estar más contento un rato, que no es lo mismo. Reflexiona por un momento sobre cuánto tiempo te va a durar la emoción de comprarte unos pantalones o unos zapatos, pensando en cómo te has sentido después de haber comprado otras veces.

2) La decisión es tuya: tú mandas

Cuando notes una vibración en tu bolsillo, no te dejes convencer con facilidad. Tú decides, no dejes que otros decidan por ti. Tú eres quien debe buscar lo mejor para tí, no dejes que otros te impongan sus criterios sobre qué es necesario y qué no lo es. Menos es más: podrás pensar más en los demás si te tienes que ocupar menos de tus “posesiones”. 

3) ¿En quién puedes invertir ese tiempo que la sociedad te invita a dedicarte solo a ti?

Haz un plan para ayudar a alguien ese día, y así te será más sencillo no invertir ese dinero en »caprichos» u objetos innecesarios. Piensa en quién puedes ayudar, a quién puedes dedicar este tiempo que la sociedad te invita a dedicarte solo a ti.

Queda con ese amigo que hace tiempo que no ves, o quizá es el momento perfecto para unirte a esa actividad de voluntariado que hace tiempo que llevas pensando. El banco de alimentos ha puesto en marcha una campaña extraordinaria, en la que puedes participar online o presencialmente en los supermercados, y para la que necesitan voluntarios. 

4) Piensa en el otro

¿Tienes dinero y quieres gastarlo? Pregunta en el banco de alimentos o en tu parroquia, qué productos necesitan para los próximos meses. Compra comida para las personas que lo necesitan o juguetes para los niños que posiblemente no vayan a tener estas Navidades. Es un momento histórico para pensar en los demás. Si miras a tu alrededor te darás cuenta de que esta crisis económica y social está afectando a numerosas familias. No te olvides, muchos pocos hacen mucho.

5) Piensa en tu estrategia

No quedes con tus amigos por zonas comerciales si no quieres caer. Sé fuerte, pero sé listo también. No te vayas a la boca del lobo. Hay que saber dónde puedes flaquear para evitar dejarte llevar por lo atractivo de los escaparates.

6) ¿Lo necesitas realmente?

Seguro que si te preguntan si “necesitas” algo. Siempre habrá un pantalón, o unas zapatillas, o una cazadora que creas que va a ser la definitiva, que te va a hacer mucha ilusión, que es lo último que vas a comprar hasta el verano. Pero reflexiona sobre una idea: el deseo de algo nuevo nunca se acaba. Cuando lo consigues, siempre desearás otra cosa. Por eso, sería bueno que entrenes la capacidad de decirte no a ti mismo. 

»Muchas veces en la vida vas a tener que renunciar a cosas apetecibles en función de un bien mayor para ti. Aprovecha la oportunidad para hacerte fuerte», Carmen Taboada.

7) Cuida lo que no se acaba

Cuida lo que no es perecedero, lo que no se acaba, lo que realmente te hace feliz y te sitúa en el mundo: tu familia, tus amigos, etc. El lugar donde realmente te sientes tú. Si compras algo, que sea para ellos.

8) Gasta siempre menos de lo que tienes

Como norma habitual en la vida: gasta menos de lo que tienes. Hay muy poquitas cosas por las que merece la pena endeudarse en la vida. Si sigues siempre la norma de gastar menos de lo que tienes, evitarás muchos problemas. Guarda tus ahorros para cosas de mayor importancia para tí, piensa en el futuro: el carnet de conducir, un programa Erasmus en la universidad, viajar para aprender inglés en verano. Experiencias en las que merece la pena invertir.

En definitiva: vive la vida “ligeramente”, no te cargues con cosas materiales, disfruta de la experiencia de vivir, siempre de forma saludable y enriquecedora, ríe con tus amigos, disfruta de tus abuelos, visita exposiciones interesantes, ve al teatro, no acumules objetos, ropa o videojuegos, porque estos no son el sentido de tu existencia. Solo son peso muerto.

Artículo escrito por Carmen Taboada, profesora de Secundaria y Bachillerato del Colegio Orvalle.

Artículo original publicado aquí

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