La importancia de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional abre un sinfín de posibilidades para conseguir una vida plena y llena de felicidad, a través de un conocimiento profundo de la persona, como ser único capaz de relacionarse de manera eficaz con los demás. La profesora del Colegio Orvalle y experta en inteligencia emocional, María Azpiroz, nos cuenta las ventajas de esta educación que desarrollamos en el Colegio, así como las claves para trabajarla con los más pequeños.

Ventajas de educar en la inteligencia emocional a los niños

Les proporciona nuevas herramientas

La educación emocional dota a los niños de nuevas herramientas que les ayudan a conocerse mejor, y así poder alcanzar una mayor autonomía que les permita desarrollarse de forma plena. Conocerse a uno mismo les permite conocer mejor a los demás, desarrollando habilidades sociales que les ayuden a tejer y mantener relaciones saludables con sus semejantes.

Clave para su desarrollo integral

El desarrollo de la inteligencia emocional es clave para proporcionar un desarrollo integral de la persona. En el pasado, se consideraba que el cociente intelectual marcaba nuestro destino, y nada más lejos de la realidad. Como dice el profesor de Harvard en su libro “Inteligencia Emocional” (1995, Bantam Books):

“Un alto coeficiente emocional no es sinónimo de un alto grado de satisfacción personal, ni garantía de éxito profesional y personal. Existen otras capacidades relacionadas con el mundo emocional que son de vital importancia para el desarrollo pleno de la persona”, Daniel Goleman.

Por lo tanto, se considera necesario preparar a los niños para desenvolverse de forma eficaz en la sociedad actual, desarrollando habilidades emocionales que les ayuden a tener altas probabilidades de éxito.

Un gran apoyo en el mundo actual

Un alumno juega con unas hojas en el Colegio Orvalle
Los niños viven en un ambiente cada vez más frenético, en un mundo en continuo cambio en el que se ven expuestos a una sobreestimulación constante. Esto hace que estén perdiendo, poco a poco, su capacidad de asombro y disfrute de las pequeñas cosas. Vivimos en un mundo tecnológico en el que tenemos todo al alcance de la mano y de manera instantánea, esto hace que, valores tan importantes como el esfuerzo o la paciencia sean difíciles de cultivar.

Por otra parte, la falta de conciliación familiar conlleva que pasemos poco tiempo con nuestros hijos y procuremos que esos momentos sean de tranquilidad, evitando momentos de conflicto que puedan alterar el clima familiar. Los niños necesitan, más que nunca,  unas normas claras en casa que les proporcionen la seguridad y la confianza que necesitan, a la vez que les ayude a desarrollarse de manera autónoma.

A través del desarrollo de la inteligencia emocional, los niños aprenden a conocerse mejor y a confiar en sus capacidades. Son capaces de ponerse en el lugar del otro y, por tanto, de comprenderle mejor. Desarrollan la capacidad de superar obstáculos y resolver conflictos de una forma constructiva. En definitiva, les estamos preparando para la vida, ayudándoles a sentirse mejor con ellos mismos y, por tanto, a ser más felices.

Competencias como el autoconocimiento, la autoestima, la regulación emocional y las habilidades sociales, se convierten en imprescindibles para un desarrollo sano de la persona, en el que se favorezca su estado de bienestar y felicidad y, por tanto, aumente su motivación.

4 pautas para trabajar la inteligencia emocional en los niños

1) Conocer y aceptar sus mundo emocional

Lo primero y más importante es que los niños aprendan a conocer y aceptar su mundo emocional, permitirles sentir las emociones, entender cómo reacciona su cuerpo ante ellas y aprender la información que les aportan. Las emociones no son ni malas ni buenas, son reacciones inconscientes de nuestro cuerpo ante diferentes situaciones y, por tanto, debemos aceptarlas. El poder entender y poner nombre a las emociones les ayuda a conocerse mejor y, por ende, aumenta la confianza y seguridad en ellos mismos.

2) Aprender a quererse como son

También es de vital importancia, que los niños aprendan a quererse como son, aceptando sus fortalezas y también sus debilidades. La autoestima es una necesidad del ser humano. Un niño, desde su nacimiento debe sentirse querido y aceptado. Una sana autoestima les ayuda a sentirse valiosos y capaces de enfrentarse a cualquier obstáculo que aparezca en sus vidas. Al tiempo que favorece la creación de sentimientos de fortaleza y confianza en sus posibilidades.

3) Regular las emociones

Al hablar de educación emocional, hablamos también de regulación emocional, que es la capacidad para gestionar las emociones de forma adaptativa. La regulación emocional es imprescindible para poder vivir en sociedad y poder relacionarse de forma adecuada con los demás, alcanzando un alto grado de bienestar con uno mismo. A través de la regulación emocional, los niños aprenden a relajarse de una forma consciente, aumentando su capacidad de espera y su autocontrol, esto les ayuda a desarrollar de forma eficaz la atención.

4) Mejorar la comunicación con los demás

Por último, y no por ello menos importante, hablamos de las habilidades sociales tan necesarias para el desarrollo emocional, social e intelectual de la persona. A través de ellas, los niños aprenden a comprender mejor a los demás, aumentando su capacidad de escucha activa. Son capaces de comunicarse de forma adecuada sin dañar los sentimientos de otros, comprendiendo lo que significa respetarse a sí mismos y respetar a los demás. Saber relacionarse con los demás de forma adecuada, ayuda al niño a conseguir una satisfactoria adaptación social y un desarrollo personal integral. 

La educación emocional, imprescindible en la vida de cualquier niño

Todas y cada una de estas competencias emocionales son imprescindibles para un desarrollo integral del niño. Ya que le ayudan a mejorar la relación con uno mismo y con los demás, así como su autonomía y su grado de bienestar. 

Es por todo ello, que la educación emocional debe ocupar un lugar preferente en nuestras vidas, para poder acompañar a nuestros hijos en su crecimiento personal. Así lograremos aportarles las herramientas necesarias para desenvolverse en la vida de una forma autónoma, con conocimiento, con responsabilidad y con eficacia. 

Artículo original publicado aquí

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