El hermano Julio nos lleva por las distintas estancias: la sala de conversos, la cocina, el claustro. A cada paso nos explica brevemente cómo es la vida allí y cómo esos muros de piedra permanecen impasibles ante el paso de la historia. Por qué tienen esa forma las arcadas, qué utilidad tienen las cadenas del patio de la palmera… Y así nos va desgranando Sta. María de Huerta, Monasterio Cisterciense del siglo XII.

Autoría: Julieta Romeo Granados

Cómo olvidar este fin de semana en el que hemos tenido ocasión de convivir, compartir y aprender de estas almas. Disfrutar de esta villa, situada a orillas del Jalón y de las vías del tren. Esa Castilla profunda, llena de gente recia, sincera y sencilla. Acogedora y paciente. Amante de la belleza y de la armonía.

Nuestro viaje comienza el viernes 11 de noviembre a mediodía. Llevamos las maletas cargadas de ilusión y de partituras.

La velada musical,  gran momento de conocer el otro lado artístico de todo coralista: Pedro hizo hablar a su guitarra Wasted Years de Iron Maden, Inés interpretó a Ed-Sheeran, Diana, Rocío e Isabel formaron un trío de Ukeles para cantar Count on me de Bruno Mars, Kai con su violín interpretó el 3er movimiento de una sonata de Fr. Seitz, Marta nos regaló, también con el violín La cucaracha, Paco nos metió de lleno en la historia con su declamación de la Oda al 2 de mayo, Paula nos transportó al cine con su interpretación de dos temas cinematográficos de la Misión y otro de Charles Chaplin, José tocó al piano Bang de AJR, Yedham tocó al piano el tema principal del Castillo ambulante, Sofía cantó Qué bonito, Mili, Ángela y Gabriela interpretaron Despechá de Rosalía. El final lo puso Diego con la canción de Marte de Melani García. Todos escuchan en silencio y respeto, aplauden con fervor y admiración. No hay actuación que disguste, todos participan y se sienten acogidos por el público. Así conocemos otras facetas de los integrantes del coro: es muy enriquecedor.

Los ensayos en los que cada uno da lo mejor de sí, desafiando al sueño y al cansancio, dejándose corregir para poder así conseguir la armonía de la pieza.

La paciencia, el tesón, la concentración, el escuchar las indicaciones y al resto de voces, son los ingredientes imprescindibles para poder sacar el máximo partido de estos momentos.

Y, como no, las Misas en la Casa y en el Monasterio. Momentos de recogimiento necesarios, que nos ayudan a continuar nuestro quehacer.

Dos días grandes (¿seguro que tuvieron 24 horas?) que no caben en unas pocas letras. Mucho que recordar, mucho que agradecer y muchas ganas de repetir.

Artículo original publicado aquí

Dejar un comentario